Publicado el: Jue, ago 23rd, 2012

Río Unare inunda Clarines

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El Universal- Vaamonde es la cabecilla de una de las 400 familias que han visto como las aguas del río Unare se desbordaron y están progresivamente ahogando la poca agricultura que se cosecha en la región. A pesar que en horas del mediodía las temperatura ronda los 40 grados, al final de la tarde, los torrenciales aguaceros no tardan en llegar.

En promedio llueve de manera intensa por tres horas, lo que ha obligado a personal de Hidrocaribe, a abrir las tres represas cercanas a Clarines. Representantes de la empresa hidrológica, prefieren descargar el agua poco a poco, que arriesgarse a que los diques se rompan y la inundación se escape de control.

No menos de siete sectores están perjudicados, por lo que efectivos de Protección Civil están desplegados en todo el municipio Bruzual (Clarines). Con varios camiones volteo, efectivos militares y de rescate, asisten a los damnificados.

La primera etapa es resguardar la vida de las personas, quienes son instalados a tres refugios. Uno funciona en una cancha deportiva, y los otros dos, en escuelas públicas.

"En los camiones metemos desde los televisores hasta los cochinos", dijo, el sargento de la Guardia Nacional, Franklín García, mientras carga con los enseres de una familia.

Mary Campos, residente del sector Boca de Guaribe, sacó a sus dos hijos para una zona más alta por el riesgo de inundación. "Hace dos días el nivel del agua lo veíamos lejos, pero ya está en la sala del rancho. Aquí no somos chavistas, pero debemos admitir que el Gobierno nos ha apoyado en todo. Protección Civil está encargada de las cosas que necesitamos; y si el tiempo se pone peor, nos iremos a un refugio".

Por su parte, el pequeño agricultor, Alberto Piñerua, vivió en carne propia como siete hectáreas de lechosa listas para entregarlas en el Mercado Mayorista de Coche, en Caracas, prácticamente se las llevó el río.

"Los agricultores de bajos recursos estamos como el refrán que dice: "Si no estás preso, te andan buscando". En mi caso, el Instituto Nacional de Tierras (INTI), me adjudicó 20 hectáreas, pero me negaron el crédito para sembrar. Pedí plata prestada a un compadre para sembrar las lechosas, y ahora el río Unare, me dejó sin nada, y con tremenda deuda", exclamó Piñerua.

La situación de emergencia paradójicamente ha generado ingresos económicos en Clarines. En la entrada a cada calle inundada, la presencia de mototaxistas es abrumadora. Allí ofrecen trasladar a los perjudicados hasta donde la moto aguante. "Siempre en cada crisis, aparece algo por hacer. Con mi medio de transporte cobro 15 bolívares para acercar a las personas a sus casas inundadas. Muchas veces no puedo llegar a la entrada de sus casas, pero algo es algo", dijo, Jimmy Páez, a bordo de una motocicleta.

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