Publicado el: Vie, sep 14th, 2012

La mascara de una princesa

El más amplio y relumbrante salón del palacio nuevo de Miami era aquella noche esplendoroso escenario de una de las mejores veladas últimamente ofrecidas por la joven princesa.

 

La fiesta parecía estar en su apogeo a las dos de la madrugada sin que la menor señal de fatiga intimidara a las abundantes parejas pendientes del repertorio de las bandas presentes.

La sociedad estadounidense llevaba disfrutando una prolongada época llena de más o menos problemas pocas personas podían conseguir una verdadera tranquilidad sin que se le presentara algún tipo de inconveniente.

Pocos prestaban atención a la negrura de la noche exterior pensando en la joven princesa.

Todos rumoraban que la princesa era la mayor de las brujas que asechaba contra el pueblo años tras años decían que era una maldición de una joven que murió enviándola por su hermosa belleza.

Los niños temblaban de terror si casualmente tenían que cruzar ante la princesa aunque fuese a muy respetuosa distancia.

La joven princesa rodeada de su coraza de piedra llevaba una inimaginable vida llena de lujos su familia la complacía en todos sus caprichos por ende se crio como la joven mas malcriada.

Su gran y macabro pasatiempo durante años fue enamorar a miles de jóvenes con su hermosa belleza sin importarle lo que pasaría su belleza embelesaba a cualquier persona que ella con su cautivadora mirada observara detenidamente sonriéndole.

la princesa tenía un gran fuerte que era por más poder que tuviera sabia que debía estudiar y fue así que tomo la decisión de dejar atrás todas sus comodidades por emprender un viaje al otro lado del mundo sin saber lo que le esperaba.

Era una noche oscura pero calurosa como toda las de la capital de Caracas cuando llego dos hombres se deslizaban cautelosamente por entre los arboles cosa que le llamo mucho la atención y se acerco con mucho temor llamando ella la atención de una patrulla policial que paso repentinamente con los revólveres en las manos abrieron marcha atrás de la extraña joven los oficiales.

Encontrando de esta forma a dos malhechores de porte colombianos agradeciéndole a la joven por su valiosa participación en el peligroso suceso.
Mientras la joven clavaba los ojos en una torre iluminada por la luna entonces el oficial dijo: esto no es lugar para una hermosa dama como usted.
La joven sorprendida exclamó no es cualquier lugar, es el que me abrió los ojos a una nueva vida.

El policía extrañado se va y la joven en ese solitario lugar se dio cuenta que tenia valentía y curiosidad suficiente para poder cubrir cualquier suceso y fue así que pensó en dejar de ser la princesa a quien en la capital nadie conocía para convertirse en una gran comunicadora social.

Esto no solo lo dejo en ese pequeño pensamiento si no comenzó a estudiarlo para hacerlo realidad en un futuro a corto plazo ya que contaba con un gran coeficiente y empeño para hacerlo realidad.

Los primeros días fueron fuertes para la princesa pero poco a poco fue adaptándose pasando por más de una aventura.

En poco tiempo ya había logrado hacer un círculo de personas conocidas vinculadas con la carrera el cual fue creciendo más y más durante años al pasar de los días los continuos problemas la hicieron aun mas desconfiada y la llevaron aferrarse a protegerse con su coraza de piedra la cual era imposible de tan siquiera tocar.

Meses más tarde de vacaciones fue de visita a su antiguo hogar donde aquella tarde, decidió reunirse con todas sus antiguas amigas en un pequeño café de la ciudad. Hacia más de 2 años que nos habíamos graduado del colegio y mi contacto con la mayoría de ellas era casi nulo. De las 6 chicas que quedamos en encontrarnos, solo podía dar fe de la vida de Sofía, que se quedó a mi lado después de abandonar el colegio, aunque a decir verdad, nunca fuimos tan buenas amigas antes a como somos ahora. Del resto solo oía los chismes y las habladurías que te cuenta la amiga que misteriosamente se entera de todo, del resto a ciencia cierta, no sabía absolutamente nada.

Y eso no era para alarmarse, estas muchachas siempre fueron de mi círculo personal en mis años de colegio, siempre nos reuníamos para intercambiar los cuadernos, porque si algo recuerdo con certeza, era que yo era la desordenada del curso, y ellas, ellas eran de esas que preferían amanecer estudiando antes de perderse la fiesta del día.
No como otros grupos llenos de hipócritas, a mi me gustaba, y me gusta, pasar desapercibida en grupos como esos, donde la vanidad es el plato fuerte del día, la envidia es el postre y el interés, el interés nunca puede faltar en la mesa. Por eso es qué accedí a la invitación para semejante convocatoria. Creo que todo lo organizo Sofía, quien al parecer es la que mantiene contacto con todas. Tanta fue su insistencia de que no podía faltar al magno evento, que terminó por convencerme, y ni siquiera la reunión familiar que tenia, ni mi familia, sirvió como una excusa válida para ella que me librara de aquel evento.

Así que sin más excusas que inventar y con esas ganas enormes de volverlas a ver, me dispuse aquella tarde a ponerme el disfraz del día. Hoy tenía que ponerme ese que también utilizo en ciertas reuniones familiares, ese que me hace parecer una mujer completamente independiente, feliz, trabajadora y sin problemas. Ese que le encanta a mi Tía por el simple hecho de querer olvidar las frustraciones de su vida utilizando la mía. Estuve lista en cuestión de minutos y al poco tiempo estaba sentada en una silla de mimbre incómoda, esperando a que Sofía hiciera su triunfal aparición, colocarse uno de sus múltiples disfraces y luego, si, llegar al dichoso café.

La espera fue eterna, lo admito, y estaba preparada para ello. Al llegar, dos de ellas, que habían estudiado conmigo, en el mismo colegio y según entendí, también compartieron el mismo novio, tenían caras de aburridas porque las hicimos esperar más de una hora. Me saludaron amablemente pero con aquel tono de voz con el que uno saluda a alguien molesto. Y me senté, en el lado opuesto de la mesa, esperando que los payasos, las contorsionistas, los magos y los trapecistas no tardaran en llegar. Poco a poco fueron llegando, cada una con un disfraz más hermoso que la otra, y de pronto todo el carnaval de máscaras, prejuicios, críticas destructivas, chismes, odios y mentiras acababa de empezar.

Para mí todo fue como estar en una de esas ferias, en donde tienes muchas atracciones y puedes pasarte toda una tarde entre espejos que te deforman, manzanas de caramelo que se ven mejor de lo que saben, ruedas de la fortuna que te marean, túneles del amor que te dan asco y mansiones del terror que te dan risa. Cada una quería describir su historia, cada una se sentía con más derecho que la otra para empezar su relato, cada una escondía más secretos y frustraciones que querían olvidar debajo de su máscara. Y allí estaba yo, hablando sola y tomándome el café pensando en que todas las aventuras que vivimos juntas, mientras que mi familia, estaba reunida esperándome, sin necesidad de usar ese disfraz que no me sienta bien, con ellos soy yo misma, con mis virtudes y mis defectos, con mis ataques de ternura y dependencia, con mi existencialismo y mi ñoñez a flor de piel.

Así que me limité a sonreír, a darle vida al traje que decidí ponerme, a escuchar sus historias rebuscadas y maravillosas, sus cuentos de hadas y de vidas perfectas, sus chismes flojos y sus miradas coquetas, hasta que fueron las 8:00 P.M. Me despedí y arrastré a Sofía conmigo, era mi momento de compartir con mi añorada familia, Besitos en las mejillas, un abrazo sincero que siempre espero de ella, sonrisas de las demás. Un taxi pequeño y ruidoso que me llevó de vuelta a los brazos de mi familia, ese abrazo de cada uno que me regresó a mi vida real, una vida real llena de secretos, de amor y de felicidad.

Pero todo esto poco duro rápidamente tuve que regresarme a la capital al llegar la ventana de la habitación estaba abierta de par en par. La noche era fresca y el viento traía el rumor de la algarabía que se formaba en la plaza; la música de tambores, gaitas y flautas se mezclaban con las risas, gritos y palmas de los danzantes, mientras las tarimas se llenaban de disfraces y comparsas.

Ya no podía esperar más, tomó la máscara que completaba su disfraz; la admiró por unos instantes en silencio, lentamente la puso sobre su rostro como cumpliendo con un sagrado ritual y como un rayo bajó y se mezcló entre el bullicio y la gente. La alegría brotaba por todo su cuerpo; gritaba, cantaba, aplaudía y danzaba como el que más. Ésta era su noche, su única noche, la última noche de vacaciones.

Las primeras luces del amanecer indicaban que el final de las fiestas se acercaba; las bandas y las orquestas comenzaban a tocar los últimos acordes mientras las parejas improvisadas no daban señales de cansancio y la felicidad seguía a flor de piel en los participantes y espectadores.

Unas horas más tarde todo había concluido. Mientras la plaza principal se vaciaba poco a poco y solo quedó como recuerdo de una noche fantástica la basura que dejaron los disfraces, la bebida y comida de todos los presentes ella caminaba nuevamente a su habitación.

Cuando finalmente llegó, cansado y sudoroso, un joven que retiró su máscara con la misma solemnidad con la que ella se la puso la noche anterior; luego de poner todo a un lado la tranquilidad y el silencio en la plaza comenzó. Y en ese momento fue que sintió lo que una vez su papa le dijo que podría sentir por algún joven.

pero la princesa de igual forma no tardo en irse tan solo dejándole un papel sobre su mano ella es de esas mujeres que hacen voltear a todos para admirar su belleza, está acostumbrada a ser el centro de atención admirada por unos envidiada por las otras.
Siempre camina con paso seguro, de forma cadenciosa con los pechos desafiantes hacia adelante proyectando su seguridad y causando revuelo por donde pasa. Nadie es indiferente a su presencia, siempre que llega a un recinto todas las miradas se posan en ella, y mientras se desplaza por un salón atestado de gente el silencio de admiración la precede, pero ella siempre segura de si misma actúa con naturalidad, sin nervios, con temple.

Entre las mujeres todas comentan y se preguntan cuál es el secreto de su belleza, porque vista desde lejos del influjo de su presencia no pasa de ser una mujer común y silvestre, sin ningún atributo notable que le merezca tanta seguridad en si misma. Hace años es causa de especulaciones y murmullos la fuente de la eterna seguridad que tiene, el desdén con que despacha a los mejores partidos de la alta sociedad.

Nunca se ha podido conocer la razón por la que irradia esa belleza que atrapa, que envuelve, que arrolla y vence la resistencia de los hombres, no ha sido conocido el primero que conquiste su corazón, nadie se le mide.

Algunas han llegado a decir que cuando en uno de sus viajes hizo un conjuro, para que le diera esa seguridad arrolladora, otras han llegado a decir que es una bruja, otros se han atrevido a inventar aventuras con ella, pero siempre que ella los ha encarado los ha dejado en ridículo en frente de todos.

Vana sociedad, falsa hasta el tuétano, incapaz de reconocer la clase, y la distinción de una mujer hermosa por dentro y por fuera, pero apurada por encontrar defectos en ella y buscar explicaciones esotéricas a una verdad tan simple, que haría reír y llorar al tiempo a quien la supiera.

La joven princesa es inmune a la veleidad material y carece de las inseguridades de las demás mujeres simplemente porque jamás, nunca, ni por una única vez, se ha visto en un espejo sin su máscara.

Hasta que meses más tarde apareciera de pronto aquel joven que encontró en la plaza invitándola a salir al siguiente día a las 6 pm

El día se le había hecho eterno.. .desde que se levanto, quería que pasara el tiempo rápido y que las cosas del día la entretuvieran a tal punto, que la impaciencia se camuflara.

Estaba nerviosa y afanada, pensaba rápido debido a la prisa con que deseaba que las horas se devoraran el día.

Por fortuna ya eran las 5:00 y estaba a tiempo para recogerlo en el aeropuerto; habían quedado en encontrarse en el café, lejos de la gente que espera a los pasajeros, para estar más tranquilos y poderse dar ese abrazo que se habían prometido mil veces.

Cálmate, todo saldrá bien. Es cuestión de confiar en tu intuición. No arruinarás este momento que ambos hemos esperado, por los nervios se dijo mirando su reflejo en el espejo del baño.

Respiro profundo, se miro detenidamente un buen rato, recordando que había pensado en este instante, casi todos los días desde que comenzó a sentir algo diferente hacia él.

Estaba a escasos minutos de verlo y estaba ahí, frente al espejo, ensayando mil sonrisas, algunas miradas y gestos.

La princesa

Qué le diré? Cómo lo saludo?

Hola! Qué tal tu vuelo?… Por fin, estás aquí… Hmmm no…
Me acomodé el cabello, me sudaban las manos, saqué el brillo de labios, me pinté la boca. Antes de salir, me mire en el espejo nuevamente y pensé Llegó el día.

Mire el reloj y ya era el momento, anunciaban la llegada del vuelo. Mientras desembarcaba tenía algunos minutos para pasar por la capilla del aeropuerto a darle las gracias a Dios por este momento y a pedirle fuerza y cordura.

Salí de la capilla, luego de haber tenido las lágrimas a punto de salir. Me dirigí al café caminando tranquilamente, pero con el corazón en la boca, respirando profundo.. estaba tan nerviosa. Sabía que el también debería estarlo. Habíamos hablado muchas veces de lo que pasaría este día, de cómo lo imaginábamos cada uno a su manera. Me senté en el café y esperé.

Sabía que se acercaba, a pesar de estar a espaldas del corredor, lo intuí, lo sentí, no había una razón lógica para saber que ahí estaba el. Solo sentí un corrientazo que atravesó todo mi cuerpo cuando lo vi con su sonrisa de… Ahí estás.

Y todo lo que ensayé frente al espejo se me olvidó.

Sonreí instintivamente, el corazón me palpitaba fuerte, aunque prometí que no iba a llorar, fue inevitable. Nos abrazamos mucho tiempo y yo… me quedé sin palabras.

Mientras lo abrazaba y lo sentía igual o más nervioso que yo, me calmé y pensé:

Valió la pena la espera.

Un año más tarde, celebran su aniversario por todo lo alto amándose cada día mas…

 

Autor: Anonimo

 

 

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