Publicado el: Jue, oct 25th, 2012

A ti:

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Hoy desperté con  tu cabello  cubriendo mi rostro, con la melodía de tu sonrisa haciendo fiesta en mis oídos, y tus ojos convertido en  un rayo de sol; tras vacilar descubrí que la extenuada soledad es quien te trajo de vuelta, es quien cedió ante los sentimientos, es quien le dio rienda suelta a los recuerdos que creí haber perdido.

Como si viera la mejor de las películas, veo un par de enamorados a orillas del mar, bailando con el crepitar de las olas mientras intentan contar  las estrellas en una noche de luna llena; cada palabra, cada sonrisa se reproducen como ecos, terminan adueñada del silencio. De momentos simples y sinceros se fortaleció un amor, un amor que muy pocos conocen…

Para todo hay tiempo, menos para detenerlo ni retrocederlo, pero al menos el transcurre con nuestra historia en las manos, y de vez en cuando me regala una sonrisa, que un día es lejana, otro día tan de  cerca, tan de ahora y, te escucho decir aquella frase “Nuestra historia nunca va a terminar porque yo te quiero de verdad”.

¿Te das cuenta? cumplí la promesa y, acabé  con aquello que dicen “Todo tiene su final, nada dura para siempre”, soy vivo ejemplo de que si existe la eternidad, pues soy protagonista de una historia que el tiempo inmortalizó.

Quizás está carta no la leas hoy, ni mañana, o quizás nunca, porque  no sé dónde buscarte, perdí la ruta que seguiste en busca del olvido, de ese olvido que  el caprichoso destino nos impuso, porque él junto y separo nuestros caminos; y aun así, Cupido, empedernido, construyó un  refugio solo  para nuestro amor.

En pocas palabras, aun después de la muerte, sigo enamorado de ti.

 

 

Autor: José Gregorio Rodríguez
Desenchufaito@gmail.com

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