Publicado el: Mar, oct 16th, 2012

“El encuentro de las Luces”

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A Pedro Luís

 

 Y desperté al sentir que mis vellos se erizaban, por momento pensé que se debía al aire fresco que acariciaba mi rostro; pero al girar, encontré un grupo de luces inquietas por mi presencia, solo me atinè a decir:
-¿Dónde estoy?-
Pregunta que no encontró respuesta, pues las luces seguían en alboroto, quizás por considerarme un invasor, una especie rara. Todo resultó desconocido para mis ojos, menos Él que poco a poco se acercó.
-¿Tú?-
Era Pedro Luís, mi hermano fallecido hace 4 años y dos meses.
-¿Qué haces aquí tan pronto?-
-¿Tan pronto?, ¿aquí? ¿Dónde estoy?
-En el único lugar donde es posible verme-
Intenté detallar todo lo que se encontraba a mi alrededor y, encontré solo luces y un árbol sin hojas, aparentemente seco porque un brillo especial lo cubría, ese lugar no tenia comienzo ni final, no existen edificios ni el ruido de los autos, no existen calles, ni se usan zapatos, solo ellos.
-¿Estoy en el cielo?-
Preguntè sorprendido.
-Muy cerca del cielo, a unos kilómetros muy escasos-
Dispuesto aceptar mi destino agachè la cabeza y me di cuenta que yo era la diferencia, por conservar mis manos, pies y que poco a poco mi pecho se empezaba a iluminar.
-¿Estoy muerto?
Gritè desesperado.
-Sigues vivo… Estas entre dos aguas; estas entre la vida y la muerte y solo tú decides qué camino tomar-
-No entiendo, aunque lo único que recuerdo es que cerré los ojos, creí estar dormido,  en el sueño sentí dolor… A lo lejos escuché personas llorando y llegó un momento que no los escuché más. Y ahora estoy aquí contigo, que te convertiste en Luz-
-Es que las almas de todos los humanos son luces que al morir vienen acá. Para entrar a este lugar debes abandonar el cuerpo que te fue asignado en la tierra…Lo que jamás perdemos es la esencia que nos caracteriza y nos hace diferente ante los demás…-
Tuve ganas de llorar al escuchar aquellas palabras, quise decir tantas cosas que terminé no diciendo nada,  pude descubrir entre ese grupo a mi abuela, Candelaria quien me bendijo y a la vez soltó una estruendosa carcajada típica de ella.
-Tienes una misión en la tierra y debes volver, allá te esperan, anhelan tu presencia; ya llegará el momento en que podamos estar todos juntos-
Me dijo ella mientras acariciaba mi barbilla con el tintineo de su Luz, mientras yo buscaba de refugiarme en su regazo. Pedro como siempre se metió entre los dos.
-Y debes volver a tierra a continuar la única Misión que tenemos todos: Vivir-
Dijo Pedro Luís con seguridad.
-¿Por qué yo no soy una Luz?-
-Porque sigues vivo, porque tu luz sigue esperando a que regreses, aquí solo está tú subconsciente-
- ¿Y porque estoy aquí?-
-Porque todavía me quieres, porque querías verme… Sabes una cosa, Aunque abandonamos la tierra dejando un profundo dolor entre los familiares, Nuestro espíritu, alma, esencia como lo quieran llamar, jamás abandonamos sus corazones, claro dependiendo del amor que nos profesen… Uno de nuestro manjar predilecto es el amor de nuestros seres queridos que nos mantienen presentes en cada gesto… El amor es un alimento que no falla y que además nos purifica a todos-
Dijo un Pedro Luís convencido.
-¿Y Haz visto a Dios?-
-¿Al maestro?, fíjate que si, aunque en todo este tiempo lo he visto solo una vez y eso gracias al encuentro de las luces, encuentro que fortalece el amor hacia nuestro prójimo, que nos aleja de la seducción de la maldad-
-¿Y qué piensa el de nosotros los humanos?,¿ De todo lo que está pasando en la tierra? -
-A pesar de su grandeza El Maestro sufre por nosotros, No te imaginas cuanto, es que el innombrable quieren mandar a toda costa… Vive buscando almas puras, vive solo por ver el triunfo de la maldad…Vive confundiendo a la gente para que pierda la fé, para que se olviden de Dios… Y aunque varias veces nos dejamos envolver, el maestro nos ama y sigue en la lucha para acabar con Ese-
-¿Y qué hay de cierto que volvemos a nacer?-
-Siempre queriendo encontrar las tres patas del gato… Curioso como nadie… Es muy cierto lo de la reencarnación; volvemos al mundo después de una larga estadía acá, después que logramos conseguir una segunda oportunidad para terminar lo que dejamos a medias, pero se nos asigna otro cuerpo, quizás otra familia y olvidamos por completo nuestra vida anterior-
-¿Y donde duermen acá arriba?-
-Aquí no se duerme, aquí solo se respira eso que han perdido los seres humanos por culpa de Ese, la paz… Los ángeles del Maestro todos los días vienen a saludarnos, de vez en cuando nos deleitan con la melodía de sus cantos y gracias a sus ojos podemos ver los grandes momentos que vivimos en la tierra-
-¿Por qué Dios no baja a la tierra a protegernos?-
-Claro que baja, no parecen cosas de un chico inteligente como tú, ¿por qué crees que existen las madres y los padres? Son enviados de Dios para protegernos y guiarnos por el camino del bien, y es mejor tomar a tiempo sus consejos-
Respiro profundo y sonrió para no llorar.
-¿Como es Dios?-
-Ya se me hacia raro que no me preguntaras eso… Dios es grande, infinito, Dios es la creación, la bondad, el amor, la protección que nos guía…-
-¿Pero cómo es físicamente?-
-Los que estamos acá no tenemos rostro como te habrás dado cuenta, solo esencia y Dios es una fuerza, no es hombre, no es mujer, es tan sublime que cuando lo tienes cerca  solo quieres respirar y sentir ese amor que te olvidas por completo de observarlo-
- ¿Y cuántas horas son de la tierra hasta acá?-,
-Acá no existen las horas, ni los días, esto es solo la sucursal del cielo… Nos ubicamos en el tiempo es cuando nos echamos una paseadita por la tierra-
De pronto la luz comenzó a perder fuerza.
-¿Qué me está pasando?-
Pregunté desesperado.
-Ya debes volver, diles a todos que también los extraño, que también los quiero, que también siento tristeza al verlo llorar por mí, que gracias por el afecto, y que sus lagrimas nos desvanecen, son sus sonrisas las que no fortalecen-
Y ese momento abrí los ojos, sonreí.

 

Autor: José Gregorio Rodríguez
Desenchufaito@gmail.com

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