Publicado el: Mar, dic 18th, 2012

Cuento para Navidad

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Sobre la Navidad y su magia se han escrito muchas historias, hoy quiero contarles una que no es muy diferente de las otras, tiene un milagro, un inicio y un final, la diferencia entre esta historia y otras es que esta me sucedió a mí.

Una noche de 10 de diciembre, me gustaría decir que era una noche fría, pero en realidad era una noche común del trópico venezolano, incluso llovía un poco y soplaba una brisa que generosamente llamaremos, brisa fresca, estaba un niño asomado a su ventana que no jugaba afuera con los demás niños, este niño tenía una preocupación, no le preocupaba lo que le traería el niño Jesús como a su amigo Juan (pues era lo único de lo que Juan hablaba), ni le preocupaba cuanto subiría de peso con las hallacas como a Bárbara, la chica que lo cuidaba (pues era lo único de lo que bárbara hablaba). No, el tenia otra preocupación, el pequeño llamado Román que miraba por su ventana ese 10 de Diciembre quería saber si era cierta la magia de la navidad, saber si era verdad que la noche del 24 de diciembre los anhelos más profundos de una persona podían hacerse realidad; y el anhelo más profundo de su corazoncito de 8 años de edad era tener la certeza de que sus padres Nicolás y Oriana le aman. Nunca se lo habían dicho y si lo habían hecho el no lo recordaba.

No era difícil dudar un poco del amor de Nicolás, quien a sus 36 años de edad se había forjado una carrera como abogado a fuerza de trabajo, y era diferenciado de los otros por su carácter fuerte, en cambio Oriana era muy dulce, cuando estaba, el problema era que nunca estaba, ellos, como muchas familias venezolanas pensaban que trabajaban tantas horas por el bien de su pequeño pero la verdad es que su pequeño los necesitaba era a ellos.

Y así pasaban los días de Román desde que su mami consiguiera ese ascenso que tanto quería, todavía recordaba la noche que le dio la noticia, hace tres meses exactamente, ella llego tarde como de costumbre, pero esa noche en vez de ir a dormir fue con Román y lo despertó con un abrazo, el estaba tan contento que celebro con ella; ella le dijo que la habían cambiado de cargo, que ahora ganaría más dinero y podría comprarle cosas más bonitas, el pequeño estaba tan contento… ahora recordando mientras veía por la ventana pensaba que hubiese sido mejor decirle que el ya tenía juguetes que se quedara en casa con él.

Román era un niño muy inteligente y sabia que sus padres trabajaban tan duro porque pensaban que así le hacían feliz, y sabía también que ellos necesitaban trabajar porque a veces, cuando su padre iba a casa en busca de algún documento le llamaban por teléfono y entre conversaciones escuchaba la palabra deuda y plazo para pagar, el no se decidía si pedir como milagro de navidad que sus padres le amaran o que pagaran la deuda así trabajarían menos y el los vería mas… y estos pensamientos tristes que no deberían estar en la cabecita de ningún niño eran los que justamente estaban en la cabecita del pequeño Román, cuando la joven Bárbara se acerco a la sala y le dijo que se preparara para ir a dormir, entonces un carro paso frente a la casa despacio y el corazón del niño latió mas rápido pensando que era su padre, quería mostrarle un dibujo que había hecho de él en la escuela, se había esforzado tanto porque el bigote quedara justo igual al de Nicolás que se tardó un poco más que los demás pero el resultado final valió la pena pensaba orgulloso… No era su padre el coche no se detuvo, y esa noche como muchas otras Román se fue a dormir sin entusiasmo.

Al día siguiente estando Román en la escuela escuchó una conversación durante el recreo, unos niños hablaban acerca de un misterioso árbol que podía conceder un deseo la noche de navidad, muchos querían intentarlo pero no se atrevían por que el árbol se encontraba en el parque del este y tenía que pedirse el deseo a las 12 de noche. Pero Román estaba convencido de por lo menos intentarlo y así comenzó a pensar en un plan para llegar al árbol ese día, él sabía que sus padres llegarían muy tarde esa noche a casa solo tenía que esperar hasta que bárbara se durmiera para agarrar la llave de su casa.

Finalmente llegó el día tan esperado por Román… 24 de diciembre. Bárbara tomó una siesta luego del almuerzo, esta era la oportunidad perfecta para Román, quien sin pensarlo dos veces tomo la llave y dejo una nota donde decía “Papa y Mama voy al árbol mágico del Parque del Este a pedir un deseo a las 12 de la noche para que ustedes me vuelvan a querer, no se preocupen llevo un abrigo” y así se dirigió a la parada de autobús su corazón latía aceleradamente, pero no tuvo que esperar mucho enseguida llegó un autobús que se dirigía hacia el parque del este, ingreso al autobús y en pocos minutos estaba allí. Identificó al árbol rápidamente, sus ojitos se iluminaron, corrió hacia él y se sentó bajo su sombra. Al poco tiempo se durmió, cuando despertó ya había anochecido.

Mientras tanto en la casa de Román, Bárbara estaba angustiada preguntándose dónde estaba el pequeño hasta que consiguió la nota que él había dejado, desesperada llamó a Oriana para informarle, le leyó la nota, Oriana al instante comenzó a llorar, llamó a Nicolás apresuradamente, le explicó la situación y se dirigieron al parque en busca de su pequeño, mientras el taxi recorría caracas conversaron. Al principio se culpaban mutuamente y luego comprendieron que los dos habían errado sin darse cuenta teniendo como prioridad su trabajo y no a su pequeño, los dos lloraron, se abrazaron y prometieron que de ahora en adelante todo sería diferente, Román siempre se sentiría amado por ellos sin importar las circunstancias…

Eran ya las 11:50 de la noche, el niño estaba emocionado al ver que se acercaba la hora, se dispuso a pedir el deseo, cerró sus ojos, tocó el árbol y pensó “Mi deseo es que mis padres me amen y pasemos más tiempo juntos”, en ese instante escuchó su nombre a lo lejos, reconoció la voz de su madre, volteó y miró a sus padres correr hacia él, le abrazaron y en ese momento Román se sintió protegido y amado, sintió que finalmente su deseo se había realizado.

Por: Elías Torrealba

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