Publicado el: Vie, dic 7th, 2012

Mi mayor deseo

Share This
Tags

Erase una vez un jovencito muy humilde, huérfano de madre, pues cuando solo tenia 3 años, su mamá murió de una extraña enfermedad.

Vivía con su padre, un hombre con problemas de alcoholismo, quien además lo maltrataba.

Las navidades para él, no eran de mucho agrado, pues le entristecía ver a todos los pequeños  con regalos mientras él a duras penas tenia de comer.

Cada vez que se acercaba los tiempos decembrinos, lo único que deseaba era soñar con su madre, pues por su corta edad para el momento en que murió, tenia escasos recuerdos de ella.

Con solo 11 años, su padre lo obligaba a trabajar para traer el pan a su casa; ¡y porque no!, también para mantener sus vicios. Salía a diario a buscar el sustento, su trabajo mas frecuente era el de mandadero del barrio; de vez en cuando se sentaba afuera del supermercado, en espera de que alguien saliera para cargarles las bolsas.

A pesar de sus pocos recursos el chiquillo decoraba su humilde hogar con las cosas que le regalaban las señoras que le pagaban por hacer cualquier mandado.

Para el 24 de diciembre, salió muy temprano de su casa, como todos los días a enfrentarse con las calles de la ciudad; después de fuerte día de trabajo, llego a su casa a descansar, y exhausto, se acostó.

Por la media noche, cuando ya dormía, su deseo de todos los años, comenzó a aparecer, pues su mama entro en sus sueños. Un sueño muy real, de esos que cuando despiertas, lo haces agitado y con ganas de no haber despertado. Soñaba que estaban los 2 en un parque cerca de su casa, él contemplaba el hermoso y puro rostro de su madre, sus suaves manos de mujer acariciaban su cuerpo, podía sentir el cálido abrazo que le dio.

Al despertar, aun sintiendo la presencia de su mama, dio gracias a Dios y al espíritu de la navidad por una vez mas conceder su mas grande deseo, tener a su madre, tan solo un rato más; aunque fuera en sueños, le gustaba compartir con ella en la navidad, esos momentos eran para él el regalo mas grande que ha podido traerle el niño Jesús.

A partir de ese día, el pequeño empezó a apreciar la navidad, porque descubrió que no hay nada imposible si siempre tienes fe y crees en la navidad.

 

Autor: Luisxana Avila 

Deja un comentario

Contra el Reloj: No se hace responsable por ningun comentario emitido por ningun lector

*